Nimiedades

¡Déjenme sola! ¡Quiero quedarme en mi cuarto hasta que llegue el próximo año! —gritó desde su habitación.
Roque y Andrea intercambiaron una mirada antes de tomar la silenciosa decisión de complacer los deseos de su hija. Sofí­a nunca habí­a sido una niña berrinchuda, por lo que los gritos que pegaba resultaban demasiado impresionantes para la familia.
Y lo único que le habían dicho es que no realizarí­an el tradicional viaje a Europa ese año.

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