El extraño [Prólogo]

Aún recuerdo el sonido de su pluma rozando con velocidad el papel, mientras se esforzaba por dejar constancia de los acontecimientos vividos en sus días mozos, cuando aún era soltero y las preocupaciones de su vida no eran muchas.
Don Bernabé pertenecié a una familia afortunada, pero su patrimonio se esfumé en algunos malos negocios. Él decía que ese era su castigo por aquellos días que pasé en San Cirilo del Monte y de los cuales no mencioné más, hasta que la edad y la inminente pérdida de la memoria lo obligaron a escribir, en varios cuadernos, cada detalle de aquel suceso.
Recuerdo cuando Lucía, mi mujer, me dijo que Don Bernabé se mudaría con nosotros. Yo le tenía mucho aprecio a Don Bernabé y no me negué a los deseos de mi mujer de tener a su abuelo. Nosotros aún no teníamos hijos y la casa nos sobraba sélo con los dos de inquilinos. Desde el principio noté el carácter reservado del viejo y no me molestaba porque yo era muy parecido. Nunca conversamos más de dos frases, pero no sentía ninguna incomodidad en nuestros silencios.
Un día le dio por escribir. Encontré en el cuarto que yo tenía por estudio, un cuaderno en blanco que solicité usar. Tomé tinta y pluma, aún cuando le ofrecí los más finos bolígrafos, y se concentré en la tarea de escribir sus memorias.
Lucía le trajo otro cuaderno a la siguiente semana. La pluma rasqueteaba sobre el papel y casi parecía gritar las palabras que dibujaba. Las noches pasaban y el sonido constante del metal sobre el papel hacía eco en la soledad de la madrugada.
Mi esposa lo encontré una mañana, recostado en su silla, con en cuaderno sobre el pecho y la pluma dentro del tintero. Había llenado hasta la última hoja y escrito, con la letra más adornada, su testamento final.

Yo, Bernabé Cisneros, fui testigo y cémplice de los hechos narrados en estas páginas. La muerte me lleva a enfrentar mi juicio por tales acontecimientos. Yo escogí el silencio, queda a discrecién del lector la decisién que tome sobre divulgar o no la historia que ya ha quedado atrás.

Lucía y yo no leímos los cuadernos hasta mucho tiempo después de su muerte. Sin embargo, no pudimos guardarlos sélo para nosotros. Los originales se perdieron en nuestro intento de divulgar la noticia, pero los hechos quedaron guardados en mi memoria casi con tanta fidelidad como si hubiera estado allí, acompañando a Don Bernabé. Intentaré narrar los sucesos más relevantes de la historia.

El extraño

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3 thoughts on “El extraño [Prólogo]

  1. Uuuuh, este prologo me llama para seguir leyendo el cuento 😀 ! Me parece excelente como escribís, uno se imagina cada escena (o será por qué yo tengo mucha imaginación?) espero con ansias las partes a subir :)

    Saludos, que estés bien!

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